Como cada año, este sin excepción, he realizado las formaciones con mis clientes para planificar los propósitos para el Año Nuevo, y en unos días tendré un taller en Zurich para hacerlo nuevamente.
Es formidable, ya que me permite ver la buenas intenciones y objetivos de mis clientes y, a decir verdad, aprovechar para planificar los míos también.
En el taller que hice en el mes de diciembre en Palma, vino un cliente que ya había repetido otros años y, al ver sus propósitos pensé que me sonaban; ya que llevaba casi un año sin verle.
Al acercarme a él, le pregunté:
– ¿Estos objetivos no son perecidos a los del año pasado?
– Si, y al año anterior, ¡Me encanta venir a tus talleres a planificar mis objetivos!
A lo que yo, entre risas, y en el contexto de la conversación distendida que estábamos teniendo, le respondí:
– Sería genial si, además, algún año te propusieras conseguir sólo uno de ellos. Tal vez ha llegado el momento de hacer un proceso de coaching.
Y le invité a realizar alguna sesión para que, por lo menos, pusiera algo de realidad a dicha planificación, ¿les suena la historia?
¿Cuántos de nosotros comenzamos el año con buenos propósitos que se quedan en eso, en propósitos? ¿Cuál es la razón?
Mi experiencia me dice que hay tres grandes retos a superar para la obtención de unos objetivos:
1º) Que esos objetivos sean realistas, alcanzables y que dependan de nosotros.
2º) Que superemos la pereza.
3º) Enfrentarnos al miedo que nos produce el cambio.
Muchas veces, nuestros objetivos nos parecen inalcanzables porque nos cuesta mucho planificarlos correctamente, y es necesario saber que no todos los objetivos que nos marcamos se pueden alcanzar; no porque sean irreales sino porque no dependan de nosotros. Podrás encontrar información sobre como realizarlos, en mi libro Coaching para Torpes.
Una vez habiendo realizado esta primera parte, tendremos que superar la pereza, y para ello deberemos de engañar un poco a nuestro cerebro y premiarnos a nosotros mismos si conseguimos cumplirlos.
Pero, sobretodo, para mi, el punto fundamental es superar el miedo a lo no conocido, al cambio.
La vida es cambio, cambio constante. Y, si no somos conscientes de que si nosotros mismos no cogemos el toro por los cuernos y nos arriesgamos a cambiar, la vida lo hará por nosotros, y jugará nuestras cartas por nosotros mismos. Creedme, si es así, generalmente, el sufrimiento que esto conlleva es mayor.
No esperes a que la vida baraje tus propias cartas y juega tu mismo esta mano.
El 2015 puede ser un gran año.

Beatriz Vilas